Cuba: La recolonización en nombre de la normalización

Lo que motiva la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba

Raymond Lotta | 29 de diciembre de 2014 | Periódico Revolución #367 | revcom.us

El 17 de diciembre, Estados Unidos y Cuba anunciaron la reanudación de relaciones diplomáticas. Además, el presidente Obama anunció que Estados Unidos aflojará las restricciones sobre viajes entre los dos países, la cantidad de dinero en efectivo que se permite enviar a individuos en Cuba, la exportación de equipo de telecomunicaciones y ciertas actividades bancarias.

Estados Unidos no tiene ningún derecho de aislar y castigar a Cuba. Su bloqueo económico contra Cuba constituye un acto de extorsión imperialista. Pero las condiciones de normalización que Estados Unidos impone no sirven a los intereses del pueblo cubano.

El imperialismo estadounidense y Cuba

Durante más de 100 años, Estados Unidos le ha causado una incalculable miseria y sufrimiento al pueblo cubano. Cuba cayó bajo la dominación de Estados Unidos como resultado de la guerra hispano-estadounidense de 1898. El pueblo cubano había estado luchando por su independencia de España, pero Estados Unidos se aprovechó de la situación para poner a Cuba bajo su control. El Congreso de Estados Unidos adoptó la llamada Enmienda Platt en 1901 la que estableció las condiciones de su intervención en los asuntos internos de Cuba, y la que Cuba integró en su Constitución.

Estados Unidos envió a su infantería de marina a Cuba cuatro veces en la primera mitad del siglo 20. Estableció una colonia militar —la base naval de Guantánamo— la que ha usado como un campo de concentración y cámara de tortura en la guerra contra el mundo post 11 de septiembre de 2001.

Para los años 1950, Estados Unidos ya controlaba el 80 por ciento de los servicios públicos de Cuba, el 90 por ciento de las minas, casi el 100 por ciento de las refinerías de petróleo, el 90 por ciento de los ranchos ganaderos y el 40 por ciento de la industria de ingenios. Los trabajadores en los cañaverales sufrían condiciones increíblemente opresivas — trabajaban como esclavos entre períodos de desempleo. Además, Cuba se convirtió en un paraíso para los inversionistas — para los carteles estadounidenses del juego, las empresas inmobiliarias, los propietarios de hoteles y los mafiosos. Los hombres de negocios y los viajeros de Estados Unidos frecuentaban a La Habana, la capital de Cuba, como un centro del turismo sexual. ¡Había unas 100.000 prostitutas en Cuba! Estados Unidos le daba apoyo económico y militar a uno tras otro régimen odiado para reforzar estas relaciones políticas, económicas y sociales.

Estos horrores constituían el marco de la revolución cubana que llegó al poder en 1959. Estas condiciones espantosas eran las que los exiliados cubanos en Miami y la maquinaria de propaganda de Estados Unidos han alabado como “la Cuba perdida”.

La revolución cubana fue un levantamiento justo y popular contra el imperialismo estadounidense. Pero no avanzó para romper con el férreo dominio del capitalismo-imperialismo mundial, ni tampoco para lanzar una auténtica revolución social liberadora con el objetivo de arrancar de raíz toda opresión, incluido el patriarcado. No obstante, los imperialistas estadounidenses nunca se resignaron a la derrota. En 1961, Estados Unidos llevó a cabo la invasión de Playa Girón, una invasión que el pueblo cubano derrotó. La CIA intentó asesinar a Fidel Castro en varias ocasiones, en algunos casos por medio de la mafia. Estados Unidos impuso un embargo injusto e inmoral que todavía está en vigor, el que impide que Cuba lleve relaciones comerciales normales con los países occidentales para obtener los necesarios medicamentos y productos agrícolas e industriales.

Lo que motiva el cambio de rumbo: La economía y la geopolítica imperialistas

Durante los últimos 50 años, diez administraciones presidenciales estadounidenses han trabajado para efectuar un cambio de régimen en Cuba por medio de la estrangulación económica, la desestabilización política e intentos activos de derrocar al gobierno cubano. ¿Los imperialistas estadounidenses han renunciado a la meta de volver a imponer un régimen títere subordinado en Cuba? ¿Han decidido respetar la soberanía nacional de Cuba? Para nada. Es cierto que Estados Unidos ha cambiado de rumbo... pero lo que pasa es un cambio de táctica, y no de meta.

Un sector decisivo de la clase dominante de Estados Unidos, con Obama a la cabeza, ha llegado a la conclusión de que la táctica anterior de aislamiento diplomático y económico a Cuba y de esfuerzos directos e indirectos para derrocar al régimen de Castro ya no sirven a los intereses estratégicos del imperialismo. En cambio, los imperialistas estadounidenses se proponen utilizar la normalización de relaciones para efectuar un cambio de régimen desde adentro — para crear las condiciones para convertir a Cuba, una vez más, en una neocolonia del imperialismo estadounidense. Esta es la realidad que motiva la retórica del golpe “valiente” y “audaz” de Obama para “romper con el pasado”.

La economía cubana está en una seria crisis. El liderazgo de la vieja guardia de Raúl Castro y Fidel Castro busca desesperadamente nuevos puntales de apoyo económico y está dispuesto a entrar en tejemanejes con los imperialistas estadounidenses. Durante los últimos cinco años han estado aumentando los vínculos económicos, el comercio y el intercambio financiero entre Estados Unidos y Cuba. En estas condiciones, los imperialistas estadounidenses toman una medida importante — y llevan la batuta. Por su parte, el liderazgo cubano se propone utilizar la normalización y la apertura a Estados Unidos como una forma de mantenerse en el poder mientras se deteriora la situación económica.

La normalización tiene mucho que ver con la capacidad del capital de Estados Unidos para clavar sus colmillos en Cuba — para extraer superganancias de la mano de obra del pueblo cubano, para aprovecharse de sus estratos profesionales capacitados y para saquear los recursos de la isla. La prensa financiera informa acerca de los planes y propuestas de inversión de empresas como la gigante de la agroindustria Cargill y la Corporación Fanjul (de propiedad de un exiliado cubano) que controla la cía. Domino Sugar. Las corporaciones General Motors y Caterpillar han elogiado el anuncio de Obama.

Pero vienen al caso asuntos estratégicos mayores. La nueva postura de Estados Unidos hacia Cuba sirve a objetivos geopolíticos más amplios: reafirmar y reforzar el dominio estadounidense sobre América Latina, la que Estados Unidos ha considerado histórica y arrogantemente como su “patio trasero”.

Al librar su “guerra contra el terror”, su guerra contra el mundo, desde el 11 de septiembre de 2001, los imperialistas estadounidenses no le han prestado tanta atención a América Latina como al Medio Oriente y Asia Central. En estas circunstancias, Venezuela, bajo Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro, ha podido desarrollar posiciones más independientes a Estados Unidos. Se ha convertido en la principal fuente de apoyo económico para Cuba — y una espina clavada en el costado del imperialismo estadounidense.

Al mismo tiempo, la China capitalista se ha convertido en un importante rival económico a Estados Unidos en América Latina. Hoy, China es el segundo inversionista en tamaño (después de Estados Unidos) en América Latina. Es el mayor socio comercial de varios países latinoamericanos, entre ellos Brasil, la economía más grande de América Latina. China ha negociado un acuerdo con Nicaragua para financiar y construir un canal más largo y más profundo que el Canal de Panamá.

Todo esto es motivo de preocupación para los imperialistas estadounidenses. Su cambio de rumbo en el caso de Cuba, de volver a integrar a Cuba en su red imperial mediante la normalización de relaciones, es parte de las maniobras para reafirmar la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental.

Que haya claridad acerca de la sociedad cubana: No es socialista

El liderazgo cubano utiliza frases marxistas. La economía cubana tiene ciertas características formales que hacen que se parezca socialista: empresas estatales y extensos programas sociales financiados por el estado. Pero eso no es la esencia del socialismo, y Cuba no es un país socialista. El socialismo es un salto revolucionario monumental que se aleje del capitalismo y se acerque hacia el comunismo. La revolución socialista representa el proceso de ir eliminando de toda explotación y opresión. Se trata de darles poder a las masas populares, por medio de la creación de un poder estatal radicalmente nuevo y diferente, a fin de responsabilizarse en mayor medida del manejo de la sociedad, a fin de cambiar con mayor conciencia el mundo y a sí mismas — con el objetivo de crear una comunidad mundial de la humanidad, en la que ya no hubiera divisiones de clase ni desigualdades sociales, ni antagonismos sociales.

La realización del comunismo requiere de una visionaria dirección de vanguardia que se base en un conocimiento científico de la realidad y de la manera en que es posible transformar la sociedad y el mundo al servicio de los intereses de emancipar a toda la humanidad. Pero Cuba no refleja eso. La revolución que Fidel Castro encabezó no sacó a Cuba de los límites de las relaciones económicas, políticas y sociales burguesas.

Antes de 1959, Cuba era una economía basada en el “monocultivo” del azúcar para el mercado mundial, dominada por el imperialismo estadounidense. Castro no dirigió ni movilizó al pueblo cubano para reestructurar radicalmente ese legado económico. En cambio, el liderazgo cubano recurrió a un remedio fácil y rápido. El azúcar seguía dominando la economía cubana, y la economía de Cuba seguía siendo rehén del mercado mundial. Pero en lugar de Estados Unidos, Castro recurrió a la Unión Soviética social-imperialista como su mercado para el azúcar y su principal fuente de crédito. (La Unión Soviética había dejado de ser una sociedad socialista a mediados de la década del 1950.)

La economía siguió siendo dependiente y distorsionada. No podía satisfacer las necesidades alimenticias de Cuba. De mayor importancia, el trabajo y las energías del pueblo cubano no se aplicaban para realizar la transformación completa y multifacética de la sociedad y el avance de la revolución mundial, pero más bien a la reproducción de las relaciones de dependencia y explotación. Cuba se convirtió en una especie de estado de bienestar represivo que mantiene a las masas sin poder y encadenadas económicamente a la lógica del capitalismo mundial. Desde el derrumbe de la Unión Soviética en 1991, el liderazgo cubano ha buscado nuevos remedios. Expandieron el turismo en gran escala. La prostitución ha reaparecido como un fenómeno social. Invitaron a la inversión extranjera para explotar los recursos naturales. Venezuela le suministra a Cuba petróleo barato, lo que le ha ayudado a mantener su economía a flote. Pero la caída de los precios mundiales del petróleo ha hecho que la economía venezolana cayera en picada y ha puesto nuevas presiones sobre la economía cubana. Ello no es el socialismo.

Que haya claridad acerca de las tonterías de “Las libertades al estilo estadounidense”

Los ideólogos imperiales y sus medios de comunicación propagan una narrativa acerca de los grandes beneficios que “las libertades al estilo estadounidense” supuestamente le ofrecen al pueblo cubano. Es una narrativa obscena:

  • ¿El acceso libre y abierto a la información por el Internet y las redes sociales? Sí, Estados Unidos ofrece “libertad del Internet” mientras la Agencia de Seguridad Nacional vigila y espía a los ciudadanos en una escala sin igual en cualquier sociedad del mundo o de la historia.
  • ¿El “estado de derecho” en lugar del “estado policial represivo de Castro”? Explíquele eso a una generación de jóvenes negros y latinos a quienes el sistema de justicia estadounidense implica la brutalidad y asesinato policial legalizado y el encarcelamiento en masa. Hábleles sobre el respeto de Estados Unidos para la “inviolabilidad de los derechos humanos” a los prisioneros en Guantánamo — mantenidos indefinidamente sin juicio, torturados con el submarino, privados del sueño y alimentados a la fuerza.
  • ¿El mercado como una “herramienta de empoderamiento” que facilita el “espíritu emprendedor”? Visite a Haití para ver la forma en que el poder político y económico de Estados Unidos ha socavado y destruido la agricultura de subsistencia, la producción porcina y arrocera. Visite a Honduras, Guatemala o Bangla Desh para hablar con las trabajadoras acerca de los grandes beneficios y condiciones en la superexplotación de las maquiladoras — fábricas manejadas como complejos penitenciarios, que son trampas mortales.

La verdadera revolución

El pueblo cubano sufrió bajo la dominación directa del imperialismo estadounidense de 1898 a 1959, y bajo 50 años del bloqueo económico, una invasión militar y amenazas y la injerencia estadounidenses. Estados Unidos no tiene ningún derecho de aislar diplomática y económicamente a Cuba. Pero la reanudación de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos bajo las condiciones dictadas por el imperialismo estadounidense no representa nada positivo para el pueblo cubano.

Lo que hace falta en Cuba y en el mundo entero es la auténtica revolución: una revolución emancipadora cuyo objetivo sea el de arrancar de raíz toda explotación y opresión, todas las relaciones e ideas opresivas, en la que se nutra la efervescencia intelectual y el disentimiento, en la que se creen condiciones para que los seres humanos verdaderamente florezcan. Esta revolución es un reto monumental y complejo en el mundo de hoy. Pero es la única alternativa a la locura de este sistema. Y es posible.

Animo a las y los lectores a estudiar en el ensayo "Tres alternativas para el mundo" de Bob Avakian una concisa base científica de lo que es el verdadero socialismo y cómo difiere a lo que existe en los países como Cuba o Corea del Norte ("Tres alternativas para el mundo", Revolución #13, 28 de agosto de 2005). Bob Avakian ha desarrollado el marco y la viable visión y estrategia para una sociedad y un mundo radicalmente nuevos y liberadores. Además, el ensayo “Tres alternativas para el mundo” es el suplemento del segundo capítulo del libro Lo BAsico, de los discursos y escritos de Bob Avakian. Para obtener mayor información, visite revcom.us/avakian-es.

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